El promotor en la construcción, una actitud activa frente a la arquitectura

28.09.2011 | .

Al igual que existen muchos tipos de arquitectos, por diferentes razones, existen muchos tipos de promotor en el mundo de la construcción. O más bien podríamos decir que existen varios grados de implicación del mismo en sus obligaciones y derechos.

Arquitecto y promotor

Ya hemos hablado del funcionamiento en el estudio del primer contacto entre arquitecto y cliente. En esta primera reunión en la que se exponen no solo los planos de distribución,  superficies o imagen resultantes de las singularidades del solar, urbanísticas,  normativas y de programa aportadas por el cliente y que forman entre otras las condiciones del encargo. Sino que también se intentan transmitir otras valoraciones que pertenecen mas al ámbito de la arquitectura desde el punto de vista de la ideación, que se incorporan al propio proceso creativo como mecanismos del proyecto y que a la larga determinan los valores fundamentales o la riqueza arquitectónica del edificio.

Pero es en este momento en el que se le pide al promotor una actitud activa que será esencial en el futuro de la relación con su arquitecto.

Ese flujo de transmisión de ideas no debe ser unidireccional como si de un emisor y receptor se tratase. El cliente, una vez decide dar el paso de confiar su proyecto al estudio, de asumir la función de promotor, debe realizar el esfuerzo de implicarse en el mismo. Ser algo más que un cliente que paga por unos determinados servicios. Conocer y participar de esas ideas que van más allá de la mera funcionalidad y los metros cuadrados, o entender y captar cuales son las pautas esenciales y las ganancias de su futuro edificio o vivienda es fundamental para no convertirse en un mero observador en el largo proceso de creación y ejecución del mismo. De esta manera, entendiendo que el proyecto es un “ente vivo” y no estático sujeto a futuras modificaciones y transformaciones naturales en un proceso madurativo, será capaz de participar, asumir e incluso valorar esta evolución desde el prisma del arquitecto, y no simplemente dejándose llevar por un simple acto de fe incondicional en “las ideas del arquitecto”.

Esta ha sido nuestra forma de actuar en varias de las viviendas que ya tenemos terminadas o que bien están en proceso de ejecución. Es un plus de dificultad para el estudio, ya que de otro modo se evitarían reuniones y esfuerzos destinados a hacer participe al promotor de estos conceptos y su evolución. Pero por otro lado, a nuestro entender, la satisfacción obtenida al ver como el usuario final “entiende” su vivienda, aprende a valorar sus posibilidades, disfruta de su ejecución y la respeta desde el punto de vista arquitectónico, es algo que merece la pena. Incluso es mas que probable que en el proceso de la ejecución de las obras aparezcan contingencias o dificultades a resolver en las el resultado depende mucho de cómo perciba el promotor a sus técnicos y del grado de complicidad entre ambos.

Por supuesto, esta forma de entender la relación promotor-arquitecto no garantiza un “final feliz” en el cien por cien de los casos, ya que de hecho esta sujeta a mas debates y desencuentros que en otros modelos, pero aquellos en los que si se ha conseguido, después de un largo recorrido el resultado ha sido cuando menos gratificante.

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