Luz y Blancos

23.10.2010 | .

En la semana de la Arquitectura en Madrid, se inauguró una exposición en la Fundación Caja Duero llamada “La Arquitectura en la mirada del Fotógrafo Ricardo Santonja“.

Estamos orgullosos de formar parte de la obra seleccionada por Ricardo para la ocasión, con fotografías realizadas este verano a uno de nuestros proyectos: la casa Arrui.

Como complemento se realizaron conferencias en grupo con las personas que formaron parte de este trabajo. Nos toco compartir mesa y reflexiones con grandes arquitectos como Marta Maíz y Enrique Herrada; Karen Heimannsfeld y Enrique Hermoso; Javier Terrados, y los artistas Alberto Cubas y Ricardo Santonja. Por último, como complemento a la exposición se publicó un libro en el que participamos con varios textos, reflexiones sobre la Luz y la Fotografía de la Arquitectura. Uno de ellos es el publicado. Ha sido una experiencia magnífica en la que hemos podido conocer gente interesantísima.

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Copyright fotografía Ricardo Santonja

Texto para el libro “Poemas de Luz. Arquitectura en la mirada del fotógrafo” de Ricardo Santonja.

No es frecuente volver a visitar los edificios después de una dirección de obras con la pausa y la tranquilidad necesarias para la reflexión y la sedimentación de todas lo experimentado a lo largo de todo el proceso creativo y constructivo de tu propia de arquitectura. Este ejercicio de digestión, que muchas veces te impide las exigencias colaterales ejercicio profesional, tuvimos la suerte de realizarlo al acompañar a los fotógrafos Ricardo Santonja y a Alberto Cubas a algunas de nuestras obras durante su periplo andaluz en persecución de la luz. En concreto, lo que aquí se desarrolla fue durante la visita a la casa Arruí, en Córdoba.

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Copyright fotografía Ricardo Santonja

Quizás a veces, vuelves, para acompañar a alguien con quien quisiste compartir la satisfacción del objeto acabado, el final de un camino, el resultado. Pero pocas veces se acerca uno a su obra lo suficiente y se para a mirarla como lo hiciera con cualquier otra obra. Aprendiendo sobre la marcha, como si de un curso sobre la mirada se tratase, por imitación de los movimientos y los tiempos del fotógrafo. Más allá de la crítica auto_constructiva, de la crítica auto_destructiva, de las posibles mejoras y aprendizajes para proyectos futuribles, que siempre las habrá, mas allá de los defectos engrandecidos por la falsa o no falsa modestia que nos impide valorar lo nuestro con cierto criterio. Una vez desprendidos de esa predisposición de decoro inicial, de esos pretextos de moderación y mesura, es cuando empieza nuestro ejercicio. Con el silencio, la soledad y el lapso adecuados donde no cabe ya el carácter crítico, sino simplemente el estar, el aprender, es cuando empieza la contemplación, la percepción y la sinceridad de la experimentación de un momento, de un hecho, que no ya de una objeto proyectado a base de certidumbres.

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Copyright fotografía Ricardo Santonja

Es un ejercicio muy recomendable, y nos atrevemos a decir que saludable aproximarse con tiempo y sosiego para la reflexión a la propia obra. Separar y experimentar además del momento creativo, el momento de la interpretación, es algo cuando menos sugestivo.

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Copyright fotografía Ricardo Santonja

Ejercicio que comienza, como si formase parte de un protocolo no establecido, por repasar y valorar los conceptos e ideas, que si bien estuvieron presentes en la gestación del proyecto, se aletargaron durante el largo proceso y vorágine de la obra, que unos se difuminaron y otros, gracias a una dirección comprometida quedaron presentes en el resultado final. Pero una vez pasado ese inicio propio del acercamiento se termina con algo más interesante, y es cuando la propia obra te enseña, aprendes y te sorprende.

Aunque más que la obra, podríamos decir que la luz. La luz te enseña detalles, encuentros y momentos no previstos. Incógnitas no resueltas que solo una gran fotografía no reflexiva, sino intuitiva es capaz de ver, captar y mostrar como incertidumbres poéticas de una forma intuitiva.

El objeto blanco es ofrecido a la luz. Es un invariante de la cultura andaluza o mediterránea, un carácter esencial que forma parte de nuestra tradición arquitectónica. Casi de una manera subconsciente en muchos de los proyecto aparece este poso y forma parte del proceso proyectual como si de un sistema de goteo se tratase en la búsqueda de un nuevo acercamiento a esta acción.”

Para nosotros, en nuestro entorno, la luz y el blanco, son un binomio con un valor de tanta potencia, que obviarlo por sistema en la búsqueda huidiza de un lenguaje agregado a la imaginería epidérmica de actualidad, es una evasión imposible.

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Por otro lado, es extraño que cuando en otras culturas, aparece un arquitecto o un artista que es capaz de recoger los caracteres esenciales tradicionales del entorno al que pertenece y reinterpretarlos con acierto le aplaudimos y admiramos su propuesta de originalidad y de compromiso con su medio.

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Copyright fotografía Ricardo Santonja

Las ideas iniciales, las necesidades programáticas, la orientación, el lenguaje, los recursos materiales y formales, las limitaciones presupuestarias, los imperativos urbanísticos, la generación de documentos, las reminiscencias culturales, el proceso constructivo, las múltiples visitas a obra, los detalles, las pequeñas batallas, los informes, las actas, el confort del usuario, las estancias, los recorridos, el mantenimiento, el entorno… todas esas caras del poliedro que forman parte de la arquitectura quedan atrás. Y volverán a aparecer. Pero en ese momento, en ese pequeño paréntesis de quietismo, solo queda la luz. Solo la luz, el objeto ofrecido y el objetivo intuitivo.

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Copyright fotografía Ricardo Santonja

La luz como si sufriese una ceguera profunda, no mira, no ve. Con una exquisita delicadeza detallista, tantea, patina, examina y se desliza sobre el objeto inmóvil, que en este momento que se acaricia lo bucólico se presenta como ofrenda sumisa ante lo inevitable. Como si no tuviese memoria, cada hora, cada día, cada luz repite el proceso, una y otra vez con la misma dedicación y diligencia. En ese momento, como si estratégicamente estuviese premeditado, Ricardo Santonja deja caer el concepto de las luces infinitas y de la importancia de ir a ver arquitectura, de la imagen y la fotografía intencionada. Gracias a ese minucioso reconocimiento luminoso que se repite una y otra vez, se ofrece este espectáculo único e irrepetible de matices, texturas, sombras, y posibilidades, poemas de luz, en fin, que dependen tanto de lo particular del lugar, de cada instante contemplado, y del ánimo y las ganas de aprehender del ojo que percibe.

(Gracias Ricardo, por ser el catalizador de esta reflexión).

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