Ejercicios de Extensión

23.12.2008 | .
Transcripción del artículo publicado sobre nuestra obra por José Ramón Moreno y Félix de la Iglesia el día 9/8/2007. Diario de Sevilla)

Hay toda una gimnasia arquitectónica empeñada en dilatar los cuerpos compactos de las invenciones tipológicas de la primera modernidad: Collin Rowe llegó a tildarla de manierismo moderno. Esas operaciones comenzarían con el despiece de estos cuerpos fuertemente articulados que, al dejar sin amarre los miembros, abren espacios para la invención: ahora, desmontados, se pueden añadir otras formas ni siquiera sugeridas por el primer inventor, a cargo de los arquitectos que las emplean.

Es un ejercicio muy del interior de la arquitectura, pero que no ha dejado de dotar al habitar moderno de una amplia diversidad de espacios que rodean lo que son los puntos fijos de nuestro vivir: dormitorios, aseos, cocina, garaje… y que ahora vienen complementados por porches, transiciones, escaleras, vestíbulos dilatados o recovecos por descubrir.

La transición vivida por la arquitectura moderna podría ser revisitada bajo este prisma y no dejaría de sorprendernos cómo, en comparación con lo clásico, ha recorrido su tiempo casi en un instante.

Las propuestas que hoy nos ocupan son una buena ocasión para llevar esta hipótesis a su comprobación, de la mano del estudio-taller formado por los dos jóvenes arquitectos José Carlos Rico y Jorge Roa.

Observando los proyectos y las obras que jalonan su corto pero bien aprovechado trayecto profesional, uno tendría la sensación de que se trata de eso, de un ejercicio de extensión-compactación del cuerpo edilicio de la arquitectura moderna.

Bien es cierto que, tras ello, lo que impele ese trato formal o plástico no es sino la sagaz convergencia de un programa con un lugar, un ajuste que ya no se quiere repetitivo sino singular, incluso individualizado y que no se trataría sino de dejar caer certeramente ese velo del tipo sobre el cuerpo de la habitación, llevando el desmembramiento mucho más allá que a un solo juego formal.

Tan sólo bastaría con pasear por la geografía cordobesa y asomarse al proyecto de la Casa Arrui en la ciudad y compararla con la del pantano de Las Jaras o el Centro para Discapacitados Psíquicos de Alcolea, para ejemplificar a la primera lo que hablamos.

Huyendo de soluciones estandarizadas, la oportunidad que ofrecen las singulares localizaciones de sus recientes trabajos –en unos casos sencillamente encontradas y en otras buscadas, como en el caso del concurso para el psiquiátrico con el cambio estratégico de parcela– les va a posibilitar una búsqueda específica en ese proceso de revisión tipológica.

Y el argumento para esta tarea va a ser el establecimiento de una lógica distinta de puesta en uso del programa funcional, a partir del movimiento del usuario por los planos a distinto nivel que recorren la vivienda y la disposición de las estancias en los mismos.

Así, como principio configurador de este mundo particular –alternativo al habitual que se apoya en la forma de la parcela y las condiciones urbanísticas–,el programa doméstico va dando cuenta de la peculiaridad de cada cota del terreno o de cada vista singular hacia el entorno donde se inserta.

Se urde de este modo, con el conjunto de relaciones entre las estancias y el lugar, una estructura que reorganiza las funciones requeridas a partir del desvelamiento de líneas de tensión, miradas, de planos aterrazados o salas privilegiadas.

Serán estos espacios diseñados para la vida de los futuros moradores los que, al reagruparse para dar sentido a la casa y en una actitud casi terapéutica para con ellos, acaben por configurar un paisaje propio que entra en relación directa con los hallados en estas geografías.

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