Centro Discapacitados Psíquicos de Alcolea. Parte I

31.12.2008 | .
Extraido de la memoria del proyecto.

Una de las imágenes más emotivas de la arquitectura contemporánea, ocurre en el sanatorio antituberculoso de Paimio, obra del arquitecto finlandés Alvar Aaltoen 1928. En ella, aparece una larga terraza situada en la última planta del edificio, donde de forma ordenada y en hilera se han dispuesto camas para que los enfermos respiren el aire de la mañana. El paisaje de pinos y lagos se pierde en el horizonte al igual que la terraza, donde un voladizo protege a los hospitalizados del sol.Probablemente, si enseñáramos la fotografía a cualquier persona, y preguntáramos de qué tipo de edificio se trata, la mayoría respondería que es un hotel, donde por cierto, no le importaría hospedarse. Sin duda, el viejo maestro, (joven cuando construyó el sanatorio), había conseguido humanizar las condiciones de vida de los tuberculosos.

Esta imagen simboliza la capacidad que tiene la arquitectura de crear espacios amables para los usuarios, y el empeño que debemos poner los arquitectos en pensar los edificios desde este posicionamiento; ya que no basta con aplicar un funcionalismo neufertiano para garantizar las complejas relaciones que impone un programa.

Al igual que un libro, se da por supuesto que se puede abrir y pasar las hojas sin dificultad, pero lo importante es su contenido; lo que hace que una obra emocione y se distinga de las demás.

Estar enfermo no es sinónimo de habitar espacios deprimentes, y por ello la elección de la ubicación del edificio seguramente tenga mucho que ver con este pensamiento.

(jcrc-jrf-arr)

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